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Temas |Claves para una gimnasia a puro “cardio”

Marcha atlética: un ejercicio óptimo entre la caminata y el trote

Es una disciplina que desafía al cuerpo y a la mente, promoviendo no solo un estado físico completo, sino también una conexión consciente con cada movimiento

Marcha atlética: un ejercicio óptimo entre la caminata y el trote

La técnica de la marcha consiste en no despegar los pies del piso / Web

12 de Enero de 2025 | 01:54
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La marcha atlética, esa disciplina que muchos confunden con una caminata apresurada o un trote suave, es en realidad un deporte altamente técnico y desafiante que combina la precisión biomecánica con un exigente trabajo cardiovascular. A simple vista, puede parecer una forma extraña de desplazamiento, con movimientos exagerados de caderas y brazos que rozan lo caricaturesco. Sin embargo, detrás de esa imagen inicial hay una ciencia rigurosa que, bien aplicada, no solo optimiza el consumo calórico, sino que también reduce drásticamente el impacto en las articulaciones.

Para quienes desean comenzar desde cero, es fundamental comprender que la marcha no es simplemente caminar rápido. La clave está en respetar las dos reglas fundamentales que la diferencian de otras modalidades: siempre debe haber un pie en contacto con el suelo y la pierna que toma contacto debe estar completamente extendida hasta que el cuerpo la sobrepasa. Estas dos condiciones no solo son el alma de la marcha atlética, sino también las responsables de que se convierta en un ejercicio cardiovascular tan efectivo.

Aprender la técnica requiere tiempo, paciencia y, si es posible, la guía de un entrenador especializado. Pero hay algunos principios básicos que cualquier principiante puede aplicar. El movimiento de las caderas es uno de los puntos críticos: debe ser fluido, permitiendo una rotación que acompañe el paso y facilite el avance. Al principio, este movimiento puede sentirse poco natural, pero con la práctica se vuelve parte del ritmo del cuerpo.

Los brazos también juegan un papel clave. A diferencia de la caminata convencional, en la marcha atlética los brazos deben moverse de manera enérgica y controlada, con un ángulo aproximado de 90 grados. Este balanceo no es un adorno; ayuda a mantener el equilibrio y proporciona impulso, haciendo que cada paso sea más eficiente.

Otro aspecto crucial es la postura. La columna debe mantenerse erguida, con la mirada al frente y el mentón ligeramente elevado. Inclinarse hacia adelante o encorvarse puede generar tensión innecesaria en la zona lumbar y, además, resta efectividad al movimiento.

La respiración, como en cualquier ejercicio cardiovascular, debe acompañar el esfuerzo. Inhalar por la nariz y exhalar por la boca, siguiendo el ritmo de los pasos, ayuda a mantener la oxigenación adecuada y evita el agotamiento prematuro.

Para quienes buscan incorporar la marcha atlética en su rutina, es importante comenzar con sesiones cortas, de unos 15 a 20 minutos, e ir aumentando gradualmente la duración y la intensidad. Como cualquier actividad física, requiere un buen calentamiento previo y una sesión de estiramiento al finalizar.

La marcha no solo es una herramienta poderosa para mejorar el sistema cardiovascular, sino que también fortalece los músculos de las piernas, el abdomen y los glúteos. Además, al ser una actividad de bajo impacto, resulta ideal para personas que desean proteger sus articulaciones o que se están recuperando de lesiones.

A medida que uno progresa, puede incorporar elementos como terrenos con leves inclinaciones o entrenamientos por intervalos para desafiar aún más la resistencia y la velocidad. Sin embargo, es fundamental priorizar siempre la técnica por sobre la velocidad. Un error común entre principiantes es apresurarse y comenzar a trotar inadvertidamente, lo que no solo invalida el ejercicio como marcha, sino que también puede aumentar el riesgo de lesiones.

En definitiva, la marcha atlética es mucho más que un ejercicio curiosamente estilizado. Es una disciplina que desafía al cuerpo y a la mente, promoviendo no solo un estado físico óptimo, sino también una conexión consciente con cada movimiento. Con paciencia, práctica y dedicación, cualquiera puede dominar esta técnica y convertirla en una herramienta poderosa para el bienestar integral.

 

 

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