Desastre humanitario: Birmania, al borde del abismo

Tras el terremoto de magnitud 7,7 en Myanmar y que alcanzó a Tailandia, registraban más de 1.600 muertos y miles de heridos. Urgente pedido de ayuda internacional

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El devastador terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar, capitar de Birmania, dejó —hasta ayer— un saldo trágico de más de 1.600 muertos y miles de heridos, según el último balance oficial. El epicentro del sismo se localizó cerca de Sagaing, en el centro del país, y su fuerza se sintió en áreas tan distantes como Bangkok, la capital de Tailandia, donde también se registraron daños.

El temblor, ocurrido a las 06h20 GMT, fue seguido por una réplica de magnitud 6,4 que luego fue revisada a 6,7, lo que exacerbó la magnitud de la tragedia. En efecto, los temblores se produjeron a una profundidad relativamente baja, lo que incrementó la intensidad del terremoto y provocó el colapso de innumerables edificios en las principales ciudades birmanas, como Mandalay y Naipyidó, así como en algunas regiones de Tailandia.

En Birmania, el caos es palpable. La junta militar que gobierna el país desde el golpe de Estado de 2021 enfrenta una doble crisis: la devastación causada por el sismo y el conflicto interno que sumió al país en una guerra civil prolongada. A la par, la situación de los damnificados es crítica, y las operaciones de rescate se ven obstaculizadas por la destrucción de infraestructuras y la escasa disponibilidad de recursos médicos y materiales.

Una postal desoladora

Los edificios derrumbados, incluidos centros religiosos y viviendas de gran altura, dejaron atrapados a cientos de personas bajo los escombros. Por caso, en Mandalay, se temía que más de 90 personas estuvieran atrapadas en un complejo residencial de doce pisos. Mientras tanto, la capital Naipyidó quedó parcialmente destruida, con accesos viales dañados y servicios esenciales, como la electricidad y la telefonía, cortados. En tanto que los hospitales se encontraban colapsados, y los heridos tenían que ser atendidos en el exterior debido a los daños en los edificios.

El presidente de la Junta, Min Aung Hlaing, pidió ayuda internacional e invitó a “cualquier país, cualquier organización” a ayudar.

La comunidad internacional reaccionó raudamente ante la tragedia. De hecho, países como China, India, Corea del Sur y Malasia, también la Organización Mundial de la Salud, enviaron equipos de rescate, mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, expresaron su solidaridad con el pueblo birmano. A pesar de esta ayuda, el país enfrenta serias dificultades para coordinar los esfuerzos de socorro debido a la situación política interna y la complejidad de las comunicaciones en las zonas más afectadas.

Un panorama incierto para el futuro

Con los esfuerzos de rescate en marcha, los equipos internacionales continuaban los trabajos en las zonas más afectadas. Sin embargo, los desafíos logísticos, la inseguridad y la falta de recursos complicaban la tarea. En un país devastado por el terremoto y la guerra civil (ver aparte), las perspectivas de una recuperación rápida parecen lejanas.

Mientras tanto, la solidaridad internacional se mantiene activa. Equipos de rescate de China y Rusia llegaron a Birmania, y otros países seguían enviando ayuda. Sin embargo, la situación es crítica, y la necesidad de asistencia humanitaria se hace cada vez más urgente.

En Birmania, la devastación causada por el terremoto es solo el último capítulo de una tragedia más grande que ya marcó la vida de millones de personas.

La comunidad internacional continuaba trabajando para aliviar el sufrimiento de aquellos atrapados en este desastre, mientras el pueblo birmano enfrenta las secuelas de un sismo que dejó cicatrices profundas, tanto físicas como emocionales, en una nación ya sensiblemente golpeada por el conflicto interno. (AP y APF)

 

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