Gimnasia: un cachetazo tan duro como previsible
Edición Impresa | 27 de Enero de 2025 | 05:44

Facundo Aché
fache@eldia.com
La derrota albiazul en Córdoba fue dolorosa. Instituto lo derrotó 3-0, superándolo en todas las líneas. Ahí está la principal defección tripera: Gimnasia continuó en la misma linea del final de 2024 y con el mismo (escaso) fútbol que mostró durante los amistosos en la pretemporada uruguaya.
Eran poco los hinchas optimistas en la previa del partido. Solamente Luis Ingolotti, Renzo Giampaoli y Gastón Suso fueron las caras nuevas de un equipo que terminó el año pasado casi sin patear al arco. Ahora, con los mismos nombres, tuvo los mismos resultados: apenas dos llegadas (solo una con riesgo real) en 90 minutos de juego. Cuando falta jerarquía, hay que llegar mucho para convertir. Este equipo obliga casi a un pleno de ruleta para gritar gol.
Hasta el último hincha de Gimnasia sabe cómo juegan los equipos de Troglio: presión alta, recuperación inmediata ante la pérdida y juego directo, sin sutilezas en el manejo de la pelota en zona defensiva. Méndez, sus jugadores o ambos, metieron la cabeza en la guillotina. El entrenador, con un mediocampo desnutrido en el que Nicolás Garayalde y Lucas Castro pocas veces pudieron recuperar la pelota. Y los jugadores que equivocaron los caminos en el complemento al querer salir jugando del fondo con lluvia y viento, ideal para perder la pelota y terminar goleado en Alta Córdoba.
Luis Ingolotti tuvo un debut para el olvido, con un pase comprometido a Martín Fernández que devino en el segundo tanto albirrojo y con un rechazo corto que aprovechó Jonás Acevedo para el 3-0 final. Renzo Giampaoli y Gastón Suso hicieron lo que pudieron: si la idea de la línea de 3/5 era que los centrales no quedaran mano a mano con los delanteros, falló: los dos refuerzos jugaron mano a mano toda la noche y ni Pintado ni Mastrángelo supieron a quien debían marcar.
Sin embargo, sea el sistema 4-3-3 o 3-4-3 (que pareció falto de minutos de entrenamiento) los problemas nacen y mueren en una mitad de la cancha lenta, que nunca pudo repetir aquellos primeros partidos con Castro-Saravia-De Blasis y que se convirtió para mal en una zona de tránsito, porque por ahí solo transitan los rivales. Si la idea es cambiar golpe por golpe, Gimnasia va a perder siempre, con un ataque mal abastecido, que genera poco y nada por su cuenta y que lleva una enorme cantidad de partidos jugados con muy pocas llegadas de real peligro.
Si se quiere, la única buena noticia es que semejante derrota fue en la primera fecha del campeonato. Fue una actuación “sacatécnicos” que obliga y mucho para el partido ante San Lorenzo. ¿Serán Junior Moreno o Agustín Ocampo soluciones para el futuro inmediato? Si no lo son, la imagen de Gimnasia deberá rotar 180 grados para que el Bosque no sea un infierno que no tendrá nada de encantador.
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